La escucha es la máxima solidaridad.

 

La principal necesidad que tiene el ser humano con base en su función social es la de ser escuchado y, claramente, no es la de escuchar. Para eso se requiere de unos niveles de concentración que están muy ligados a las necesidades propias de cada quien. Si el tema a escuchar va a suplir alguna necesidad individual, el nivel de escucha aumenta pero si no hay interés,  este disminuye. Es natural.

Una paradoja: nos encanta que nos escuchen pero no sabemos escuchar. Y cuando definitivamente no tenemos otra opción, entonces acudimos a alguna de las diferentes clases de escucha, que aparece de acuerdo con la situación o con la necesidad individual. Siempre pensando en qué es lo que nos conviene.

Escuchar es un acto de generosidad, de solidaridad. Lo contrario, es un acto de profundo egoísmo. Si usted quiere saber qué tan genuinamente generosa o que tan descaradamente egoísta puede llegar a ser una persona, ponga atención a su manera de escuchar.

Existen dos manifestaciones artísticas que apalancan su potencial en la escucha: el teatro y la música. Y son estos dos oficios los que describen diferentes maneras que tenemos para escuchar y que enuncio a continuación. Seguro sentirá que encaja en alguna o varias de esas descripciones:

Escucha pararesponder: Es la que aparece con mayor frecuencia y consiste en que, mientras su interlocutor le está hablando, usted se concentra en lo que puederesponder haciendo que se pierda de todas las palabras y tonos que van llegando a sus oídos por estar pendiente de la respuesta.

Escucha para defender: Similar a la anterior, solo que la respuesta se enfoca solamente en proteger una postura o justificar una acción, que por lo general fue contraria a lo que se esperaba de usted. Tanto en la escucha para responder como en esta, no se deja alinterlocutor terminar de hablar para iniciar su defensa.

Escucha para juzgar: Es aquella que está pendiente de concluir y decidir qué está bien y qué está mal. No se enfoca en oportunidades sino en aciertos y errores, en la frustración de que los demás no estén haciendo lo que usted piensa que deben.

Escucha para bloquear: Es aquella que se concentra en frenar el flujo. La que se enfoca en buscar la manera de poder decir que no con la intención de imponer el propio punto de vista –la propia historia– y casi sin tener en cuenta el de la contraparte. Es similar a la escucha para responder solo que la única respuesta que se logra en esta es un rotundo no.

La escucha del “siempre se ha hecho así”: Es aquella que solo se centra en que las cosas deben mantener su raíz. En que esa situación no debe evolucionar y adaptarse a la realidad actual en la que vivimos, sino que debe mantenerse tal y como se ha venido viviendo.

La escucha para componer: se basa en recoger información de su entorno hasta el momento justo de la generación de una nueva idea hasta llevarla a feliz término.

La escucha para improvisar: tiene la particularidad de realizarse a partir de lo que está pasando en el justo momento –aquí y ahora– en que la conversación está sucediendo. Ni un hecho anterior ni uno posterior. No hay historia; solo presente. Siempre enfocado en el flujo para las partes involucradas y totalmente contraria a la satisfacción de una necesidad individual.

La escucha de aceptación: es aquella escucha que quiere aportar, agregar valor, hacer crecer al otro. Al aceptar, el diálogo interno se calma y queda nuestra mente libre para recibir la información que el entorno nos provee. Es el nivel más agudo de escucha.

Mi sugerencia es que siempre haga lo mejor posible por escuchar con base en esta última descripción, porque es esa escucha la que tiene al respeto por encima de todos los demás valores. Escuchar es un acto de solidaridad profunda precisamente porque implica ayudarle al otro o a los demás, a satisfacer su necesidad de ser escuchados.

Ricardo Gómez Garzón

 

 

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