El mundo lo que necesita es empatía

“No pregunto a la persona herida como se siente. Yo mismo me convierto en la persona herida”.

Walt Whitman.

En cualquier parte del mundo existen relaciones que en lugar de agregarse valor mutuamente, buscan que alguna de las partes se imponga y la otra se disminuya. O lo que es peor, que creyendo que se está agregando valor, se está imponiendo una postura por el solo hecho de que alguno cree que es más importante que el otro.

El ego, ese personaje que algunos quieren erradicar de su vida y otros tienen en el su máximo altar, nos puede jugar malas pasadas cuando no le damos buen manejo. Y esto sucede cuando no nos aceptamos como somos. El ego es un mecanismo de defensa que al ser correctamente utilizado, nos salva la vida literalmente. Sin embargo, también nos hace creer que somos el centro del universo (por eso se llama ego) y que como tal, el mundo debería rendirse ante nuestros pies. Todos, sin excepción, hemos sido llevados por el ego a esos lugares de importancia.

Es así como nos encontramos con formas de relacionarnos que mas que una interacción constructiva parece una competencia por demostrar quien tiene el ego mas fuerte o mas elevado; quien es más importante.

Keith Johnstone, maestro de teatro y padre del género Impro, lo llama “la pelea por el status”. El status es aquel nivel de reconocimiento que una persona quiere tener, por encima o por debajo, con respecto a otra durante una interacción.  Notiene que ver nada con estratos sociales y solo es un tema de la situación con respecto al otro. Hay dos tipos de status: el alto y el bajo. El alto cuando alguien quiere mostrarse mejor, mas grande, mas importante que el otro; y el bajo, cuando es todo lo contrario. Cuando dos personas interactúan y ambas quieren ganar el mismo status, es decir, que una quiera el status alto (o bajo) y la otra también, la relación tenderá al conflicto. ¿Por qué? Porque el nivel de escucha está centrado en el ego y con cero empatía por ganar ese status; el nivel de escucha es de competencia y cuando se escucha a ese nivel, se ensordece.

En cambio, cuando la relación se establece no para ganarse el status sino para dejarlo fluir y agregar valor, las dos partes entran a jugar lo que Johnstone denomina, “el balancín de status”. Es decir, mientras una de las partes está en el status alto, la otra por inercia está en el bajo y viceversa.  El balancín se juega espontáneamente, cada quien va subiendo y bajando su status de acuerdo con como vaya la conversación. Es sencillo. Mientras la interacción respete el balancín, habrá flujo y seguramente ambas partes salen beneficiadas. ¿Por qué pasa esto? Porque la relación se da desde la empatía.

El mundo lo que necesita es empatía.

La empatía es la que salvará al mundo. Si la gente se preocupara por aprender más sobre la empatía que sobre como se cotiza en bolsa o como hacerse rico con redes multinivel, el mundo sería radicalmente muy diferente.

Siempre se ha dicho que la empatía es “ponerse en los zapatos del otro”. Yo personalmente nunca he visto que alguien se ponga literalmente los zapatos de otro para entenderlo. Otros dicen que la empatía es “ponerse en el lugar del otro”. Y esto tiene mucho más peso que lo que la frase dicta. Lo que sucede con la sociedad de hoy es que la gente cree que ponerse en el lugar del otro es decir: “si, te entiendo” pero sin activar las neuronas espejo. Al no activarse estas, no es posible sentir como el otro está sintiendo. Esto es lo que se busca con ser empático: Vivir la realidad del otro como si me estuviera pasando a mi solo que con los filtros del otro y no con los míos. En otras palabras, entender de verdad la realidad del otro a profundidad, despojándome de la mía.

La empatía es muy distinta a la simpatía. Mientras a la segunda solo le importa caer bien y la aceptación, a la primera le importa que uno esté como quiere estar. En el mundo son más los simpáticos que los empáticos. Es decir, hay mas gente a la que letermina importando poco como están los demás con tal de que sean aceptados por ellos.

Cuando alguien le comparte su dolor, lo primero que quiere es que le escuche como se siente y  no que le ayude a encontrar el lado positivo de inmediato. La gente cuenta sus historias en primera instancia porque necesita sentirse escuchada y en segunda instancia (y no siempre) porque necesita encontrar opciones.  Sin embargo, hay quienes al escuchar el dolor (o el placer) de alguien, buscan inmediatamente que esa persona se sienta “mejor o peor” (por decisión propia y sin autorización del otro), voltéandole la arepa e imponiendo su status alto. Sin empatía, no hay conexión por mas buenas intenciones que existan.

Por ejemplo:

–    “Mi papá murió de cáncer”.

        “Al menos ya sabes como se trata ese tipo de cáncer”.

Esta respuesta está dada desde un status alto (“al menos…”) y con poca empatía pues se intenta cambiar la realidad mostrando una oportunidad de aprendizaje cuando ni siquiera sabemos cómo realmente está quien cuenta la historia

-     “¡Me voy para Lima con mi novio!”.

        “Uhmmm! Ojo, Pao, quien sabe con qué intenciones te invitan”.

Esta respuesta está dada desde otro status alto (¡Ojo!) y con poca empatía pues se intenta cambiar la realidad mostrando un posible dolor cuando ni siquiera sabemos cómo realmente está quien cuenta la historia.

Otro ejemplo:

Situación: Persona llorando mientras espera un bus del transporte público.

Otros se dan cuenta del llanto. Solo uno atina a acercarse y en lugar de preguntar: ¿por qué está llorando? (que es la pregunta que normalmente se dispara desde nuestro automático), pregunta: ¿En qué le puedo ayudar?

Este ejemplo muestra una reacción empática ante el llanto pues no se trata de satisfacer el morbo individual sino de ser útil para alguien en una situación determinada.

Sería mejor primero entender su realidad a profundidad y si esta quiere ser cambiada, antes de imponer nuestra forma de sentir la situación (empatía).

Cuando alguien le comparte su emoción, lo primero que espera es que usted se emocione con ella y  no que le de un sermón sobre cómo podría estar mejor (o peor).

Algunas definiciones de Empatía

Empatía: Dejar de actuar como si fuera obligatorio opinar y solo conectarse con la emoción que el otro quiere compartir.

Empatía: Acompañar el momento a profundidad y si puede, reservarse lo que piensa.

Empatía: Respetar las decisiones que el otro toma con respecto a sus propias emociones.

La empatía es un acto voluntario de compasión. Si no se siente compasión, no habrá empatía.

Si quiere ser empático con su entorno, puede tener en cuenta lo siguiente:

        Por tonta que le parezca la situación o la emoción que el otro expresa, respétela totalmente pues nadie sabe con la sed que otro bebe.

        El nivel de escucha es muy importante. Concéntrese en las sensaciones que la persona que expone su historia experimenta y no solamente en las palabras y como estas fueron dichas.

        Deje que el otro termine su historia, jamás interrumpa.

        Si se cree con derecho a emitir un juicio, asegúrese de obtener la autorización de su contraparte. Si no tiene esa autorización, mantenga el silencio y conéctese desde las emociones.

        Hacer buenas preguntas puede ayudarle al otro a vivir de una manera diferente su situación y a usted a entenderla para saber cómo aporta.

        El silencio también es un buen aliado.

Source: el-mundo-necesita-empatia

Conversando con Juancho Valencia

Estuvimos conversando con Juancho por ser quien es en el medio musical: un ícono y un referente de la música colombiana en todo el mundo. 

Empresario, músico y compositor, Juancho Valencia tiene un recorrido artístico por más de 60 ciudades del mundo de la mano de bandas y artistas colombianos como Esteman, Monseur Periné, Carlos Vives, Bomba Estéreo, Systema Solar, su proyecto personal 'Puerto Candelaria', entre otros. 

Quisimos abordarlo más allá del esquema musical, para entender la visión de él como músico a partir del desarrollo corporativo y así comprender el valor de las personas y de los artistas, desligado de un tema comercial y de entretenimiento.

Como músico ¿cómo puede hablarle a un administrador de empresas para ayudarle a gestionar mejor los recursos?, ¿cómo un artista musical desde la práctica creativa, y su rol como director y arreglista, cree que puede aportar al desarrollo de una empresa?, ¿qué valor agregaría un músico a un equipo de trabajo netamente empresarial?

No deje de escuchar esta conversación con uno de los íconos de la música colombiana, quien nos cuenta su visión de lo que la música podría hacer por una empresa en crecimiento.

Juancho Valencia

Solidaridad: diferencia y realidad

Hace unos días estábamos conversando con Laura Londoño, actriz y bailarina colombiana, acerca de la empatía y la solidaridad, a partir de lo que ella experimenta a la hora de entrar a escena. Manifestaba Laura, que no entendía la diferencia entre empatía y solidaridad pues siempre pensó y sintió que eran la misma cosa: ponerse en el zapato del otro y sentir con los filtros del otro; acompañar su momento. Sin tener que acudir al diccionario, nos pusimos a la tarea de encontrar la diferencia:

¡Bingo! lo logramos! La diferencia radica en lo que haces por y para el otro. Es decir, en la acción. Somos empáticos cuando entendemos y vemos el mundo a partir de los filtros con los que el otro ve su propia realidad pero si no actuamos en función de ayudar a mejorar esa realidad, solo logramos que el otro se sienta escuchado, entendido y acompañado. Por ejemplo:

-          Me da miedo volar.
-          Te entiendo –colocando una mano sobre el hombro de su contraparte- volar da miedo (con tono empático acompañando su tensión).
-          ¡Gracias! Pensé que serías otro de aquellos que inmediatamente digo que me da miedo volar y me juzgan, se ríen y me explican con voz burlona. “Pero si los aviones son el medio de transporte más seguro que hay sobre la tierra, ¿cómo te va a dar miedo volar? Es más fácil morirse recogiendo el jabón del suelo de la ducha que en un avión.

Si adicionalmente, realizamos una acción que refuerce esa empatía, inmediatamente nos convertimos en solidarios con esa causa ajena; nos unimos a su realidad desde la vivencia, desde el hacer que algo pase para que su causa cambie a un estado mejor.

¿Cómo sería el efecto solidario siguiendo con el ejemplo anterior? Sería algo por este estilo (siendo una de muchas opciones de respuesta):

-          Me da miedo volar.
-          Te entiendo –colocando una mano sobre el hombro de su contraparte- volar da miedo (con tono empático acompañando su tensión). –Si sientes mucho miedo, puedes tomarme la mano, tal vez eso te de mas tranquilidad. Pero no te afanes, ya hablé con el piloto y me explicó que el clima está perfecto para volar hoy y que no existe posibilidad alguna de que algo negativo pase.
-          Muchas gracias, ¡que bueno que estés acá!

No nos basta solo con ser empáticos, con vivir la realidad de otros como si fuera la nuestra para que podamos contribuir con un estado emocional mejor. La acción es la que abre puertas a la posibilidad de ese cambio –solo si se quiere obtener o lograr un cambio.

Ser solidario es entonces, el hecho de actuar en función de la realidad del otro para que esta cambie y lo deje mejor que como usted lo encontró. Tenga en cuenta que en ocasiones se encontrará con que manteniendo silencio y sin moverse, también podrá ser apropiado; todo depende del contexto y la oportunidad. Hay quienes quieren solo que las escuchen y hay otros que, además, quieren que usted haga algo por ellas.

Los actores necesitan de la solidaridad colectiva para que la escena que están representando salga de la mejor manera posible. Si los actores en el escenario no son solidarios, es imposible que logren la cohesión necesaria para que la historia se cuente de manera contundente y lo único que le debe preocupar al actor es que esa historia quede muy bien contada.

¿Cómo cambiaría su vida si desde hoy, diariamente, decide ejercer alguna acción solidaria por alguien'

 

Source: http://en-vivo.co/blog-2017/solidaridad-di...

¿Qué hacer cuando usted cree que tiene talento?

Algunas personas tienen clarísimo cuando descubren sus propios talentos y de manera muy natural los desarrollan y ponen en función de los demás sus destrezas. A otros, en cambio, les cuesta identificar sus propios talentos y cuando creen que los han descubierto, no saben qué hacer con ellos. No hay una edad específica para descubrir un talento. Este de repente aparece y ese momento hay que aprovecharlo.

Este artículo está dirigido a este segundo grupo de personas como una manera de contribuir al posible aumento de su felicidad más allá de pasarse la vida creyendo que era una persona más del montón sin nada que aportar al mundo.

Estas son las 11 premisas que queremos compartir:

1.      Apóyese en su instinto. Si usted cree que lo tiene (el talento; el instinto lo tenemos todos), créalo. De todas formas le hará falta tener en cuenta, como mínimo,  el punto 2 de este artículo para estar seguro.

2.      Muéstrele a otros y pida retroalimentación. Evite que esos otros sean muy cercanos emocionalmente hablando, pues siempre tenderán a decirle  que usted tiene ese talento, así no sea cierto. Quedarse sólo con la versión materna de que usted tiene talento, no es suficiente.

3.      Nada de tomarse las cosas de manera personal. Ni por lo muy bueno ni por lo muy malo. Recuerde que gente aduladora y destructiva, abunda. Mientras sea usted quien esté concentrado en el valor que genera al desarrollar su talento, todo fluirá de la manera adecuada.

4.      Prepárese y sea disciplinado. No tiene que ir al colegio o a la universidad para desarrollar ese talento; de hecho, si lo hace, corre el riesgo de que allí se lo destruyan. Pero sí incrementa su potencial técnico y emocional constantemente. Rodéese de los mejores mentores para ello. Y si es por dinero, no se preocupe: un buen mentor, siempre estará dispuesto a ayudarle.

5.      Dedique tiempo DIARIO a desarrollar ese talento. Cuando decimos DIARIO, es TODOS LOS DÍAS (incluyendo fines de semana). No importa si cree que no hay que hacerlo porque no hay una oportunidad cercana. Las oportunidades no las decide usted, éstas se presentan; lo que usted decide es si las aprovecha o no.

6.      Evite pensar que, o usted está muy joven para hacerlo o usted está muy viejo para hacerlo. Eso solo le indica la zona de confort en la que decidió meterse.

7.      Reciba las críticas como un regalo. Estas siempre serán un punto a tener en cuenta para mejorar así sean negativas o tengan la intención de destruir, pues “cuando el rio suena, piedras lleva”. Si se las hacen es por algo, se dice por ahí. Nosotros diríamos: Si se las hacen es PARA algo.

8.      Reciba los “NO ME GUSTA LO QUE HACE” solo como eso. Tener talento no es sinónimo de perfección. Así que lo que hace con él, no tiene que ser aprobado ni recibido por todo el mundo. También evite concluir que las personas a las que no les gusta lo que usted hace son unas ignorantes.

9.      Aproveche cuanto espacio tenga para dar valor a otros con su talento. El talento habita en nosotros para compartirlo apasionada y voluntariamente. Este lo puede enriquecer SÍ Y SÓLO SÍ usted enriquece a quienes se los comparte volviéndolos mejores personas.

10.    Cada que tenga una oportunidad (y aunque se lea cliché), aprovéchela como si fuera la única. Entréguese de tal manera que no le quede un ápice de energía; la gente SIEMPRE va a premiar esa entrega y su inconsciente se encargará de recargar su energía de nuevo con sólo darle las gracias, algo de sueño y comida. No se va a morir por dejar hasta el alma en ese momento pero si eso pasa, ¡felicitaciones!, pocos tienen la fortuna de morir haciendo lo que aman hacer.

 11. Ayude a otros a desarrollar su talento.