Dar es dar

Dar es dar
y no fijarme en ella
y su manera de actuar, Dar es dar
y no decirle a nadie
si quedarse o escapar. 

Fito Páez.

LA GENEROSIDAD, OTRA FORMA DE LIBERTAD.

Vivimos en un país que tiene tanta riqueza, riqueza que-muchas veces-  desborda nuestra imaginación. Los recursos están peligrosamente a la mano, llevándonos al derroche y súper-consumo.

Tenemos abundancia en los recursos, pero somos tacaños espiritualmente.

Existe el fenómeno de dar por sentado nuestros regalos, dones, bendiciones, nuestros sentidos, matrimonio, empleo, etc. Y ¿por qué, sólo cuando enfrentamos la amenaza de perderlos, los valoramos y dimensionamos? ¿Nuestro marco de referencia está excesivamente concentrado en el “qué dirán?” o como llamaría Rubén Blades, una pareja plástica, una ciudad de plástico, un mundo plástico.  Nuestro sistema de valores, nuestra moral y nuestra ecología está preocupantemente en incongruencia.

Todas las religiones o caminos espirituales buscan la revelación, la contemplación y la armonía, se basan en el concepto del desapego como vehículo de libertad y balance. Si el nivel más espiritual humano más profundo es el espiritual, según el modelo de Robert Dilts, la libertad espiritual se puede alcanzar al practicar habitualmente LA GENEROSIDAD.

Nuestras acciones nos definen, trazan el camino que construimos paso a paso, somos extraordinarios cuando la voluntad pisa el acelerador y nos lleva a avanzar y a construir grandes realidades. Poseemos fantásticos talentos que pueden generar valor… Pero nos creemos sus dueños, y el talento humano, si no es puesto al servicio de todos, es estéril.

Atado a un gran poder viene una gran responsabilidad.

A veces preferimos dejar de ser tan poderosos, por tener que asumir la responsabilidad que este poder acarrea. A un empleado destacado por su eficiencia, tiene una probabilidad mayor de ser sobrecargado laboralmente que otro que simplemente calienta puesto, hasta que el colaborador eficiente y proactivo, siente que es mejor extinguir la llama de su talento en ese lugar emprender la búsqueda de otros horizontes.

La generosidad nos limpia el pecado de la mezquindad, abriendo el espíritu al ejercicio del dar.

La Navidad está enmarcada en el dar y el recibir, sea como padres o como hijos, es un momento de gigante expectativa. Las caras, los abrazos, las lágrimas, de felicidad, o de nostalgia, las canciones, los olores, la pequeña eternidad, el regalo que da la libertad.

En toda cultura y sociedad humana el rito de intercambiar regalos, presentes y cosas preciosas, enmarca muchos protocolos sociales y de conducta. Esa generosidad propicia el vínculo que se crea en ese momento exacto y simultaneo entre dos personas, es el equilibrio que diviniza al ser humano.