Talento, esfuerzo y suerte

Martín Lucena es actualmente el arquero del club ÖRGRYTE IS de Gotemburgo, Suecia; más específicamente de la categoría sub-21 con tan solo 17 años. Su llegada a esa posición es una historia que explica que para llegar a donde se quiere también se necesita un poco de suerte:

Cuenta su padre, Mauricio Lucena, que Martín estuvo convocado para pertenecer a la preselección de Gotemburgo durante 4 meses, con la intención de participar en un torneo nacional en Suecia. Primero hubo una preselección de 10 arqueros y luego otra de 5, quedando Martín fuera de la convocatoria oficial, en donde escogieron solo 3 arqueros. Aun con la sensación de frustración por delante, Martín recibió un mensaje de la selección en donde le indicaban que dos de los arqueros no podrían participar en el torneo: uno por lesión y otro por enfermedad y que por tal motivo, lo invitaban a formar parte del equipo. Por supuesto, Martín atendió la convocatoria y se quedó con la titularidad del puesto.

Puedes tener mucha suerte pero si no tienes: talento, aptitud y ganas, no funciona”, dice Mauricio. Y, ¡vaya suerte! Que un arquero se lesione para un torneo, ya es suerte para quien espera; pero, ¡que dos de ellos se incapaciten! ¡Por Dios! Eso solo pasa una sola vez en un millón y Martín fue el afortunado. ¿Pero cómo se quedó con el puesto? Acudiendo a mostrar todo su potencial y su capacidad de esforzarse.

El papel de los padres en el desarrollo de talento

A los padres les da miedo cuando los hijos quieren acudir a tomar ciertas decisiones en donde creen que no les vaa ir bien. A Mauricio, por ejemplo, sus padres lo privaron de continuar por el camino del fútbol pues durante la juventud tuvo la oportunidad de iniciarse en un equipo de la capital Bogotana. Sin embargo, ellos consideraron que era más importante terminar lo estudios que dedicarse a jugar fútbol.

Para el caso de Martín, Mauricio lo tenía clarísimo: “Martín tiene la libertad de decidir continuar o no en este oficio. Fuera cual fuera esa decisión, yo lo apoyaría al 100%”, comenta. “Como no pude llegar a jugar, apoyar a Martín en ese proceso era una forma de mitigar mi frustración”, agrega.

¿En qué momento descubre que Martín tiene talento? ¿Cómo sabe que lo tiene? ¿Qué muestra diferente?

Ante esas tres preguntas e iniciando por la primera, Mauricio nos cuenta: “Mis amigos me lo decían –“Su hijo es muy talentoso”- Uno como que lo intuye pero al fin y al cabo, es el comentario de mis amigos y yo se que me lo terminan diciendo por la amistad que nos asiste”. Luego agrega: “Una vez en un partido se me acercó un señor que no conocía y me preguntó: “¿Usted es el padre del arquero?”, y respondí: ¡Si! –¡Pues ese muchacho es buenísimo! Ya cuando te lo dice alguien que no conoces, ya empiezas a convencerte de que ahí si hay talento”.

Es extraño pero cuando a uno le dicen los cercanos que su hijo tiene talento, la reacción es mas de incredulidad que de convicción. Cuando se lo dice un tercero totalmente desconocido, ya se convence un poco más. Pero cuando se lo dice a uno un experto, definitivamente hay que creerle y eso fue lo que pasó con Martín.  “Luis Gerónimo López, arquero argentino de la década del 70, se me acercó y me dijo: -Su hijo es muy talentoso y yo lo quiero llevar para mi escuela- Fue ahí cuando supe que el talento de Martín era una realidad”, concluye Lucena.

Una vez enterado de que Martín tenía talento (aun lo tiene y en demasía), Mauricio logra identificar ese factor que lo hace diferente: su habilidad con los pies para una posición donde se exige la habilidad con las manos. Definitivamente, desarrollar el talento de Martín más que una aspiración se volvió casi una obligación para su papá.

¿El talento se descubre por convicción o es una cuestión accidental?

En el caso de Martín, fue una cuestión de comodidad. Cuando vivía en Estados Unidos, Mauricio lo metió a una escuela de fútbol para que ocupara el tiempo sanamente. Y ¡oh sorpresa! Descubrió que a Martín no le gustaba el fútbol. Esperó dos entrenamientos más a ver si la cosa cambiaba, pero nada; definitivamente Martín no había nacido para ese deporte. Sin embargo, al volver a Bogotá, en el Gimnasio Campestre, Martín no tenía otra opción diferente a jugar fútbol como parte de su proceso formativo. Dado que nole gustaba y que tenía que hacerlo, decidió que la posición más cómoda era la de portero pues no le exigiría tanto, creía el. Sin saber si es casualidad, o una simple sensación de convicción, fue este puesto el que enamoró a Martín para quedarse pegado a este deporte. Luego terminó siendo una de las figuras de su colegio en diferentes torneos.

Quien tiene talento no debe conformarse con eso

Llegar a jugar los 90 minutos de un partido, cualquiera que sea el torneo, significa una inversión alta en tiempo y trabajo durante los entrenamientos. Quienes sueñan con ser futbolistas, en ocasiones omiten que ese es un proceso fundamental para salir airoso. Aparentemente solo quieren jugar el partido y pare de contar: que los aplaudan. ¿Cómo se maneja el tema de los entrenamientos para llegar bien preparado al partido? –le pregunté a Mauricio. Su respuesta fue contundente: “A Martín le fascina entrenar. El entrenamiento es su vida”. Si no se está dispuesto a entrenar horas y horas para jugar 90minutos, entonces el talento se vuelve solo una variable más de una ecuación que tiende a perder peso en la fórmula.

¿Qué debería tener en cuenta un directivo o líder empresarial para desarrollar talento?

La palabra Talento se asocia principalmente con actividades artísticas y deportivas. Los programas de televisión que hablan de talento, se enfocan en desarrollar el tema a través de “descubrir” cantantes, músicos, bailarines, cocineros, y/o deportistas en general. Cuando se habla de “mostrar talento”, el foco se pone en alguna actividad lúdica de esas características. Nadie participa en un “reality” mostrando sus dotes para hacer cuadros en Excel, por ejemplo. Nunca entendí porqué el foco se centra solo en esa lúdica cuando el talento es la demostración de una habilidad, por lo general innata, que le genera valor a alguien en cualquier área de acción.

Mauricio, quien además es un empresario del sector de la salud, al preguntar por cómo deberían los líderes desarrollar talento en las organizaciones,  aconseja que los directivos deben darle espacio a sus dirigidos para que muestren sus habilidades para que de esta manera puedan sus talentos ser desarrollados.

Al empresario de hoy le cuesta desarrollar talento porque no provee esos espacios, no calibra bien el desempeño de sus coequiperos y no tiene la paciencia suficiente para esperar por un resultado contundente. Lucena al respecto manifiesta: “Si no está dispuesto a tener paciencia para desarrollar el talento de su gente, apague y vámonos”.

En resumen

Mauricio Lucena sin proponérselo, nos comparte 10 ingredientes  a cocinar para desarrollar talento en nosotros mismos  y en otros:

1.    Identifique el talento

2.    Asegúrese de que eso es realmente un talento

3.    Aproveche la oportunidad

4.    Muestre todo su potencial

5.    Esfuércese

6.    Identifique el factor diferencial

7.    Ame los entrenamientos

8.    Sea paciente

9.    Mantenga el foco

10. Apoye y retroalimente

Cocine usted esta receta y seguramente tendrá un equipo más talentoso y dando resultados contundentes. Así como Martín Lucena, quien a sus escasos 17 años ya se perfila como uno de los grandes arqueros colombianos en el mundo. Y, quien quita, termine representándonos con la selección Colombia en alguno de los mundiales que están por venir.

Ricardo Gómez Garzón

*Agradecimiento especial a Mauricio Lucena por permitirnos conocer su experiencia como padre desarrollando el talento de su hijo Martín.