¿Qué hacer para opinar y ser bien recibido?

“Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:

 –Maestro, quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de tí con malevolencia. Sócrates lo interrumpió diciendo: –¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de las Tres Bardas lo que me vas a decir? –¿Las Tres Bardas? –Si -replico Sócrates. – La primera es la VERDAD ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos? –No… lo oí decir a unos vecinos... –Pero al menos lo habrás hecho pasar por la segunda Barda que es la BONDAD ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno? – No, en realidad no; al contrario... –¡Ah! -interrumpió Sócrates- Entonces vamos a la Ultima Barda ¿Es NECESARIO que me cuentes eso? –Para ser sincero, no; necesario no es. -Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario … Sepultémoslo en el Olvido.”

La gente necesita opinar. Está en la naturaleza humana. Pero no solo por el hecho real de satisfacer la necesidad social de expresar lo que se piensa sino por la importancia que tiene para nosotros ser escuchados. Lanzar una frase el aire y no garantizar que alguien la escuchó es como no haber dicho nada (funciona igual con la escritura). Queda en nuestro inconsciente la sensación de “desahogo” pero estaremos buscando que alguien nos escuche.

Las opiniones son todas aquellas expresiones –positivas y/o negativas- que la gente comparte en función de manifestar su postura y su visión acerca de algo o de alguien. La RAE, define opinión como: “dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable”.

Presenciar un evento y luego no opinar nos deja con la tarea hecha “a medias”. Sabremos que la experiencia fue completa una vez emitimos nuestra opinión al respecto y la confrontamos con la de alguien más. Así sea para decir: “No me gustó”. Eso es normal. Lo que lo hace potencialmente peligroso es el manejo de las emociones al momento de hacerlo.

Mayormente esas opiniones vienen acompañadas de una serie de conductas que, en lugar de construir, tienden a destruir si no se pone el filtro pertinente.

¿Por qué?

La siguiente es una lista de algunos de los diferentes focos de motivación que las personas pueden tener al momento de opinar:

1.      Necesidad de ser escuchados

2.      Necesidad de aportar

3.      Creer que se tiene la solución a un problema (y el derecho a manifestarlo).

4.      Compartir una visión “diferente” de la situación sobre la que se opina.

5.      Elevar el status

6.      Ayudar a encontrar opciones

7.      Afán por un reconocimiento

8.      Manifestar el nivel de conocimiento y experiencia sobre algo

9.      Y muchas otras más…

Si uno lee esa lista, no hay nada de malo en ella. Son focos de motivación válidos y acordes con la conducta humana. Tiene sentido y siempre habrá una buena intención detrás a la hora de escoger cómo actuar al momento de opinar. El problema radica en la manera como se aborda la opinión.

¿En qué momento las opiniones se vuelven un problema?

Las opiniones ayudan a encontrar opciones, a solucionar problemas, a brindar información más completa, entre otros muchos usos. Sin embargo, manejadas de manera MUY EGOISTA, pueden dar lugar a efectos contrarios: agravar un problema, tergiversar la información, bloquear a quien escucha, etc. 

Cuando las opiniones son emitidas desde un mapa no asertivo e individualista y se trata de imponer una afirmación sin contar con la visión y puntos de vista de los demás, es cuando comienzan a ser un problema. A pesar de las muy buenas intenciones que se tenga, las opiniones pueden generar un conflicto negativo cuando estas llegan sin haberlas solicitado o cundo se usan palabras que pueden herir la susceptibilidad de quien las escucha.

Al ser las opiniones emitidas desde un punto de vista netamente personal, es difícil que las reacciones no se manejen desde ese plano si no se hace la filtración respectiva antes de exteriorizarlas. A nadie le gusta escuchar cosas que no quiere oír o con las que aún no se está preparado para hacerlo.

¿Qué hacer para opinar y no acabar con todo cuando lo haga?

Si definitivamente quiere opinar o siente la necesidad de hacerlo, le sugiero tenga en cuenta los siguientes puntos para que le vaya muy bien en esa arriesgada decisión:

- Evite opinar solo por el hecho de que usted tiene derecho hacerlo. Las opiniones a alguien le afectan; por tal motivo asegúrese de contar con la autorización de la audiencia antes de lanzarlas. Mas si usted no tiene aún la suficiente aceptación en ese entorno.

- No todos piensan ni actúan ni son iguales a usted. Su opinión puede ser tomada de manera totalmente contraria (o al menos diferente) a como usted la quiso expresar. Instale los filtros respectivos. Es decir, exponga las intenciones que tiene detrás para emitir la opinión y así alinear las intenciones suyas con las de quien lo va a escuchar (o leer).

- Si la opinión puede ser negativa para quien la recibe no le voy a pedir que no la haga. Sería ideal, pero llegar a ese nivel de silencio requiere de mucha abstinencia que no se logrará con solo leer este artículo. Sí le puedo pedir que busque la manera de transformar ese juicio en una muy buena pregunta. De este modo, matará tres pájaros de un tiro: podrá hablar y ser escuchado (siendo esta la principal causa de su actitud), dejará el balón en el terreno contrario y serán los demás quienes a través de sus respuestas armen la opinión que usted quería dar. Usted queda como un príncipe pues no emitió juicio alguno y sí queda con la satisfacción de que ellos se dieron cuenta de aquello que quería decirles.

- Sea asertivo, prudente, respetuoso y pertinente con su opinión. Recuerde que las palabras tienen demasiado poder sobre quienes las escuchan. Como lo sugiere don Miguel Ruíz en su libro “Los 4 acuerdos”, sea impecable con sus palabras.

- Construya buenas relaciones. Si su opinión es emitida por el solo hecho de demostrar que “sabe mucho del tema”, o por tener la razón, o por dejar al otro totalmente sin recursos, sin afán alguno de construir, mejor quédese callado.

- Si le piden que opine sobre algo, asegúrese de que su audiencia realmente quiere escucharlo. Si nota algún halo de duda en ello, preferiblemente guarde silencio y evítese un problema.

Puede practicar de una vez con nosotros y cuéntenos qué opina de este artículo.

Ricardo Gómez G.