Las 3 Aes de la improvisación teatral que mejorarán su relacionamiento

“Todo lo que un actor hace, yo lo llamo una “oferta”. Cada oferta puede ser aceptada o bloqueada”.

Keith Johnstone.

Cuando asistí por primera vez a un evento de improvisación teatral, quedé asombrado por la capacidad que tienen los actores de impro para escuchar.  Tengo la total seguridad de que no conozco ningún profesional en el mundo que escuche mejor que un improvisador teatral (es más, ni ellos mismos lo saben). Cuando he preguntado a la gente: ¿qué profesional escucha mejor? He recibido respuestas como: los abogados, los sacerdotes, los sicólogos, los músicos y los siquiatras. Si. Ellos tienen una cualidad específica para escuchar, pero nunca como la de los actores de improvisación.

El secreto para que estos profesionales sean muy hábiles escuchando y contando historias, radica en que viven al pie de la letra, lo que el maestro de teatro, Keith Johnstone ha llamado: Las 3 aes de la improvisación: Aceptación, adaptación y avance.

Tambien, Omar Argentino, experto improvisador y autor del libro: “Del Salto al vuelo” (Manual de Impro), expresa que el ABC de la improvisación se basa en: Escuchar, Aceptar y proponer.

Para cualquiera de estos dos autores, ACEPTAR es un verbo a conjugar y jugar para desarrollar historias improvisadas y bien construidas. Sin aceptar será imposible avanzar y sin contemplar la posibilidad de avance, sera imposible improvisar. Basta con ir a ver escenas de improvisación teatral para entender como algunas de sus técnicas facilitan el relacionamiento sin ser necesario subir a un escenario para demostrarlo.

ACEPTAR

El improvisador teatral vive en el aquí y el ahora y acepta la realidad actual como “un regalo” porque sabe que es un insumo vital para el desarrollo de la historia.

Aceptar es reconocer que esa realidad que se nos presenta (o que hemos construido) es así como viene y no de otra forma. Nos cuesta aceptar la realidad cuando esta no viene como quisiéramos o como la habíamos planeado. Nos cuesta a aceptar a alguien que no nos agrada o va en contravía de nuestros valores. Decidimos que lo más sencillo para “enfrentar” la situación es la negación: Como no es lo que queríamos, nos rehusamos a aceptar. Como no es quien queríamos, nos rehusamos a interactuar. Es un mecanismo de defensa pero que, al no ser administrado pertinentemente, en lugar de ayudarnos a avanzar, nos bloquea (y bloquea a otros).

Acepte la situación tal y como esta ha llegado y aprovéchela para modificarla como usted necesite, siempre contando con el otro. El principal enemigo de la aceptación es el ego, así que disminúyalo al máximo. Aceptar termina siendo una decisión acerca de cómo poner a jugar todas las variables del entorno a favor y nunca en contra. No tiene que aceptar a su contraparte, esta le puede seguir cayendo mal, por ejemplo, pero si usted no acepta la situación que esta ha ocasionado, no podrá avanzar. En cualquier relación se necesita mínimo de dos y si alguna de ellas se pone en contra, el avance será no exitoso.

Si quiere que su equipo de trabajo, familia, amigos, etc, tengan una muy buena relación con usted, inicie con aceptar su realidad y evite poner bloqueos. Al fin y al cabo, bloquear lo único que permite es aumentar su status y por ende su ego, pero no hay avance. Y sin avance no hay solución.

ADAPTARSE

Un improvisador acepta la propuesta de su colega y se adapta a ella aun sin conocer cuál va a ser el resultado final. En pro de la construcción de una buena historia (que es lo que el público termina premiando en cualquier contexto de improvisación teatral), la adaptación se va dando de parte y parte. El buen improvisador se adapta, el malo bloquea.

En este punto, usted ya dio el paso más difícil de cualquier relacionamiento: aceptar. Cuando usted acepta, su capacidad para adaptarse a ello es mucho mayor pues se ha librado de ese muro que su ego pone para no permitir el avance. Sus emociones cambian y su mente se dispone a abrirse para darle recibo a lo que está por venir.

A ese proceso se le conoce como adaptación y no es más que la decisión de escuchar TODO lo que su contraparte propone. Es conectarse empáticamente con el mapa del otro e intentar amalgamarlo con el suyo de tal forma que ambos encajen como en un rompecabezas, solo enfocándose en el fin que los dos persiguen al relacionarse. Como se dice normalmente en temas de negociación: es plantear una situación ganar-ganar.

Es en este punto donde la ESCUCHA se hace sin prejuicio alguno, el ego está totalmente contrarrestado, se evita juzgar al otro, toda la información que llega tiene un sentido y un posible uso y las opciones se van incrementando.

La mejor forma que se tiene para adaptarse a otros es PREGUNTAR SIN JUZGAR. Mientras más información se tenga del entorno, más sencillo será adaptarse a él. En la práctica, esto no se da tan fácilmente pues nos la pasamos creyendo que conocemos la realidad y el entorno, lo juzgamos y actuamos sin escuchar nada de él. Nuestra voz interior nos ensordece. El entorno nos da siempre toda la información que necesitamos para adaptarnos a él.  Solo se adaptarán los que lo han escuchado.

AVANZAR

Debe ser la consecuencia normal del acople. Una pareja de improvisadores solo podrá avanzar si se ha adaptado a la propuesta. Si no se adapta, no avanza; la historia no tiene desarrollo y el público termina castigando la escena.

Una vez usted se ha acoplado al contexto de y con su contraparte, asumirá las riendas del avance. Propondrá ideas nuevas, soluciones y pasos a seguir y muy seguramente sus pares lo seguirán y también harán lo propio. En este punto, el bloqueo se camufla en objeciones y se dará a otro nivel pues usted ya tendrá la información suficiente para manejarlas y podrá construir una historia en conjunto que beneficie a todas las partes.

Recuerde, para avanzar es necesario aceptar y adaptarse. Si no logra ninguna de estas dos, el resultado final será un total incierto. Ahora, si lo único que usted busca es elevar su ego mientras tiene la razón, NO aceptar y NO adaptarse le permitirá NO avanzar. Al fin y al cabo, es lo único que buscan las personas a las que les encanta tener la razón por encima del resultado.

“No podemos cambiar nada hasta que nosotros lo aceptamos”.

Carl Jung