El arte de utilizar el sufrimiento como recurso

“Pero la grande, la tremenda verdad es ésta: sufrir no sirve de nada”.

Cesare Pavese (1908-1950) Poeta y novelista italiano.

¿Conoce usted a alguien a quien roben con frecuencia, se el pase enfermo o siempre esté aquejado por grandes desgracias? Este tipo de personas han sido programadas (y seguramente de manera inconsciente) desde pequeñas para tener el tipo de resultados que les da una ganancia secundaria, es decir, el reconocimiento, el exceso de atención, teniendo conductas que de alguna manera son interpretadas como negativas.

Generar lástima como fuente de ganancias

Hay seres humanos que se acostumbran a generar lástima, que han crecido en ese entorno y que no salen adelante porque pesa más esa ganancia secundaria; les genera más valor si les dicen ‘pobrecitos’ o ‘¡qué lástima me da lo que pasa contigo!’, que si los aplauden por sus resultados.

Son personas que se habitúan a tener resultados mediocres, por el reconocimiento que esto tiene; a ser reconocidos únicamente por el esfuerzo que hacen, más que por aquello que obtienen. Viven den la cultura del argumentar muy bien cómo NO logran los resultados.

Es el caso de un amigo cercano que después de ser el ‘pobrecito’ de su familia durante toda su infancia y adolescencia, empezó a cosechar muchos logros que siempre había añorado. Pasaron 4 años en los que el éxito gobernaba su andar por el mundo, pero en su interior la cosa era distinta. Fueron 4 años en los que no recibió la lástima a la cual estaba acostumbrado, lo cual lo llevó a generar un episodio de tragedia que acaparó la atención de sus seres queridos y le devolvió aquel estado de confort al cual se había acostumbrado tiempo atrás.

El sufrimiento como un recurso

Llamamos victimismo a la actitud de considerarse y adoptar el papel de víctima. Puede parecer una contradicción, pues aparentemente la víctima es la parte más desfavorecida de una relación, la persona que más sufre y que suele salir más dañada.

Para algunos, ser una víctima también tiene sus ‘ventajas’. Asumir esta posición puede ser una buena manera de conseguir aquello que se desea: más consuelo, atención, mayor comprensión por parte de los demás, cambios en su actitud… Por otra parte, sentirse el bueno de la película, aunque a veces implique sufrimiento, no deja de ser un papel más agradecido, dado que la mayor parte de los espectadores suelen identificarse y ponerse del lado del más desvalido.

El victimismo, por lo tanto, es el arte de utilizar el sufrimiento como recurso. A través de las quejas o de expresar malestar se transmite una exigencia soterrada a los demás, despertando en su interior un sentimiento de culpa.

Sentirse víctima es rentable

Todos nos hemos sentido en algún momento objeto de estrategias victimistas, divididos entre hacer lo que otra persona nos pide, aunque sea de forma encubierta, o sentirnos culpables. Es una actitud que atribuimos fácilmente a los demás, que nos provoca rechazo y criticamos como burda manipulación y que cuesta mucho reconocer en uno mismo.

Sin embargo, ¿quién no ha intentado en alguna ocasión producir lástima para conseguir algo?, ¿quién no ha hecho sentir culpable alguna vez a otra persona?, o ¿quién no ha intentado eludir una responsabilidad exagerando su desgracia?

Yo quiero que usted evite ser ese tipo de persona que es capaz hasta de arriesgar la integridad de su vida, con tal de lograr el reconocimiento de su entorno cercano. Enfóquese en lo que quiere y destierre toda ganancia secundaria que pueda interponerse en su camino a la realización.

Recuerde que sentirse víctima es fácil... y muy rentable, pues permite usar el sufrimiento como recurso para influir en la conducta ajena. Pero la víctima renuncia a su poder y su libertad para cambiar las situaciones.

Ricardo Gómez