¿Cómo puedo mejorar mi forma de hacer preguntas?

“El problema no son las preguntas que los niños formulan, sino las que nosotros nos tenemos que hacer luego”.

Fernando Savater

Una buena pregunta es aquella que encaja perfectamente en el contexto donde es requerida una respuesta o es la que permite hacer una pausa e invita a la reflexión cuyo resultado será la respuesta en sí misma. Si en el colegio y la universidad, en lugar de imponernos todo el contenido nos hubieran enseñado a hacer preguntas, nuestra realidad sería bastante muy diferente.

Una de las características que tiene nuestro cerebro es la de estar diseñado para resolver problemas e inquietudes (preguntas). Toda pregunta o problema planteado tenderá a buscar respuesta por parte del cerebro así esta no exista aún. No descansará hasta dar con una a no ser que usted decida que desiste de resolverla.

Los problemas se resuelven a partir de hacer preguntas

Supongo que no soy el único al que le sucede que cuando quiere hablar de alguien, protagonista de una anécdota, y no recuerda el nombre se, queda bloqueado esperando acordarse: ¡Lo tengo en la punta de la lengua! Dicen unos. Otros dicen: ¡No me hable, ya me estoy acordando! Pasan minutos enteros buscando el nombre y usted hace todo el esfuerzo para recordar y en las más de las ocasiones no lo logra en el instante. Ante la frustración, usted sigue contando su historia, pero se queda pensando en el nombre que olvidó. Pasa el día. Llega la hora de acostarse. Se duerme. De repente, a las 2:35am… ¡puhn! Salta a su consciente el nombre de esa persona. Usted siente un alivio extremo, como si hubiera logrado lo imposible. Descansa y se dice a sí mismo: ¡Yo si decía que no se me podría haber ¡olvidado! ¡Y en medio de esa felicidad y sin darse cuenta de la hora, termina tomando el teléfono para llamar a esa persona a contarle que por fin se acordó del nombre que estaba embolatado!... ¿Le ha pasado o no?

Pues eso pasa porque la instrucción dada al cerebro a la hora de querer hablar de esa persona es: Busca el nombre hasta que lo encuentres. Y la única forma, inconsciente, además, que usted tiene para lograr la respuesta es hacerse continuamente la pregunta: ¿Cómo es que se llama? Tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe. Al hacerse tantas veces la pregunta, su cerebro afila más la búsqueda de la respuesta hasta que la encuentra.

Es imposible no responder una pregunta

Ante una pregunta, el mecanismo normal del cerebro es buscar la respuesta. Si no la tiene, es factible que el “automático:” sea: ¡No sé! (Que entre otras es la respuesta más barata que puede el cerebro humano dar). De todas formas, hay una respuesta. Mientras esa respuesta no se dé, el cerebro seguirá buscando porque dentro de los procesos de razonamiento esta SIEMPRE cerrar lo que tenga abierto. Cerrar los pendientes. Pasa lo mismo cuando usted inicia la lectura de un libro y no lo termina. Mientras usted decide terminarlo, su cerebro le recordara que aún hay un libro en espera de ser leído. Por eso son tan poderosas las preguntas.

¿Para qué sirven?

Las preguntas sirven para encontrar información (respuestas, valga la obviedad), independiente del uso que usted le quiera dar a esta. Para eliminar las pre suposiciones, las generalizaciones y las distorsiones. Bien sea porque usted se hace preguntas o les hace preguntas a otros, el efecto poderoso que tiene hacer(se) preguntas es precisamente el de estimular al cerebro a dar una respuesta. Entre más abierta sea la pregunta, mayor será la necesidad de pensar una respuesta. Así usted no quiera responder ni manifestarlo verbalmente, su cerebro se dedicará a buscar solución. Puede que se quede callado pero el proceso se está ejecutando y en ese caso la respuesta se dará en el lenguaje no verbal y si usted es bueno calibrando, encontrará allí contenido valioso.

El foco de las preguntas

Las preguntas serán muy poderosas si la intención que hay detrás de cada una se basa en la construcción de contenido que permite agregarle valor al entorno. No lo serán tanto si lo que se busca es simplemente satisfacer el morbo (ego) de quien las formula. El efecto de estas tiene mucha relación con el lenguaje no verbal que se usa al lanzarlas. Ahí radica parte del éxito o fracaso de hacer una pregunta.

¿Cómo puedo mejorar mi forma de hacer preguntas?

En un contexto de relacionamiento cotidiano de negocios o placer (diferente a las técnicas que usan los detectives para esclarecer un crimen o los abogados en un juicio), estas 10 premisas le ayudarán a mejorar su desempeño como formulador de preguntas. Lo llevarán a obtener categóricos resultados:

1.      Calibre su estado emocional y el de la otra persona(s).

2.      Concéntrese en el valor que la pregunta le generará a quien se la formula, más allá de solo satisfacer su curiosidad (razón por la cual usted también pregunta)

3.      Intenciones las preguntas para que estas tengan el filtro que usted quiere que tengan. Recuerde que quien hace preguntas, se atiene a las respuestas. Intencional significa anunciar cual es la intención al hacer la pregunta.

4.      Respóndase la pregunta: ¿Para qué haré esta pregunta? Esto le permitirá identificar las ganancias que obtendrá con la respuesta y asegurarse si se alinea con sus intenciones. Si las ganancias son solo individuales y no le generan ningún valor a otros, mejor no la haga.

5.      Asegúrese de tener un puñado de preguntas que se formulan desde un nivel superior a la situación presente. Es decir, que tengan mayor alcance. Por ejemplo: - Quiero unos pantalones. En lugar de preguntar: ¿qué talla? O ¿de qué color? Pregunte: ¿Para qué los quiere? O ¿En qué contexto los va a usar? Al entender desde el nivel superior, podrá encontrar más opciones de solución. Vaya del nivel más genérico al más específico.

6.      Respete por completo el mapa de la otra persona y además conéctese con él. Formule las preguntas desde ese mapa.

7.      Si no está preparado para una posible respuesta, mejor no haga esa pregunta o cámbiela.

8.      Haga preguntas abiertas para captar la atención de su contraparte y para obtener información importante de ella.

9.      Solo use preguntas cerradas para confirmar la información obtenida. Nunca haga este tipo de preguntas al iniciar una conversación. Es difícil interactuar con un SI o NO, bien seco.

10.  Las preguntas que comienzan con QUÉ, CÓMO, PARA QUÉ, son muy poderosas yretantes. Sirven para medir congruencia de quien las responde y entender su sistema de ganancias (o necesidades). También tienen efectos extraordinarios las preguntas que invitan a imaginar situaciones: ¿QUÉ PASARÍA SI…? o ¿SI TUVIERA QUE…? Estas últimas ayudan a resolver situaciones donde las personas están bloqueadas.

Si algo no queda claro después de leer este artículo, no se preocupe: ¡Practique haciéndonos una buena pregunta!

¿Alguna inquietud?