3 PRINCIPIOS FUNDAMENTALES PARA MEJORAR SU RELACIONAMIENTO

“La población general no sabe lo que está ocurriendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe”

Noam Chomsky

1. Hable menos y escuche más

“El que habla en exceso y sin cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca teme que sus palabras superen a sus obras”.

Confucio

Nos caracterizamos por ser una sociedad que habla demasiado. Para y por todo se habla. Somos expertos en opinar acerca de lo que está pasando y sobretodo, de lo que está pasando en la vida de los demás. Hablamos hasta de aquello que no conocemos. Tenemos la solución a los problemas del mundo entero, menos a los nuestros y aún así, creemos que estamos construyendo un mundo mejor, diferente. Actuamos como en el estribillo de la canción de Alejandro Sanz, NO ES LO MISMO:

“Tengo pomada pa' to' los dolores

remedios para toda clase de errores

también recetas pa' la desilusión”.

¿Qué pasaría si en lugar de emitir tanto juicio y hablar en creciendo, escucháramos más? En cualquier contexto de relacionamiento, el resultado de la interacción sería diferente. Tal vez encontraríamos mayor cantidad de opciones, se construiría sobre el concepto de colectividad, se tendría una posición más objetiva sobre la realidad propia y la de los demás, se lograrían negociaciones y transacciones de mayor calidad. Las relaciones serían sostenibles en el largo plazo y se mantendría un mayor nivel de sintonía.

Escuchar es el acto de respeto por excelencia. Una persona que no escucha y solo habla, está en posición de ataque así el contenido tratado se refiera a los ángeles del cielo y así sus intenciones sean la de aportar en lugar de disminuir. Recuerde que nuestra necesidad básica en comunicación tiene su base en la necesidad de ser escuchado.

Al elevar la escucha, tendrá la posibilidad de conocer mejor a los demás, conectarse a profundidad con su mapa y en realidad hacer un aporte constructivo que permita el fortalecimiento y crecimiento de las personas con las que interactúa. Su nivel de relacionamiento exitoso aumentará de manera exponencial y su capacidad de impacto positivo, tendrá el mismo destino.

Expertos en comunicación y ventas, argumentan que para que un proceso de venta sea exitoso se requiere escuchar el 85% del tiempo y solo hablar el 15% restante.

2. Cumpla lo que promete

“Prometer para meter y después de haber metido, olvidar lo prometido”. Adagio popular

¿Le ha sucedido que cada que se encuentra con alguien (amigo, familiar, cliente, socio) a quien no ve hace algún tiempo, le promete que retomará el contacto y nunca le cumple? ¿Le pide teléfono, buzón de correo, cuenta de Facebook, de LinkedIn y demás datos de contacto y jamás lo llama ni le escribe?

¿Le ha prometido a un cliente devolverle la llamada inmediatamente y se acuerda de hacerlo justo 3 días después y aun así no lo llamó? ¿Le ha dicho que sin falta usted le dará solución a su reclamo personalmente y al momento en que está leyendo este artículo aun no lo ha hecho? ¿Le promete que su producto suple la necesidad aun sabiendo que no es cierto?

¿En la reunión de navidad, cuando se ve con la familia en pleno, es la vigesimocuarta vez que usted promete mantener un contacto más cercano, invitar a sus primos a tomar café, frecuentar a las tías y termina acordándose de que hizo esa promesa justo el siguiente año cuando la siguiente navidad ha llegado y los vuelve a ver?

Si ha respondido SI cualquiera de estas preguntas, ¡enhorabuena! está dentro del selecto grupo de las personas que pierden credibilidad y confianza porque no cumplen lo que prometen.

En Latinoamérica vivimos en una cultura donde NO cumplir lo que se promete, es pan de todos los días. Una cultura donde somos expertos para argumentar por qué no se cumplieron las promesas. Sin embargo, a pesar de que todos los días la gente promete y no cumple, nuestro cerebro siempre estará más alineado con las personas que cumplen. Es natural, pues al anunciar un resultado su cerebro solo cerrará ese ciclo al obtener la respuesta. El tiene que resolver de alguna manera la expectativa generada. Si usted es de lo que prometió y no cumplió, su voz interior se lo recordará toda la vida (o por lo menos hasta que cumpla). Y si usted es a quien le hicieron la promesa, su cerebro se quedará esperando la promesa cumplida hasta que esta llegue. Si nunca llega, la sensación de engaño lo invadirá y terminará concluyendo que le dijeron mentiras. Y la mentira, dentro de un contexto de honestidad, es altamente rechazada.

Al cumplir lo que promete, está enviando un mensaje de congruencia al mundo y automáticamente elevará sus posibilidades de interacción pues a mayor congruencia, mayor nivel de crédito y por ende, mayor posibilidad de éxito en cualquier relacionamiento.

3. Tome la iniciativa siempre.

“Siempre me siento feliz, ¿Sabes por qué?  Porque yo no espero nada de nadie, las expectativas siempre duelen... La vida es corta. Así que ama la vida.  Sé feliz y mantén la sonrisa”.

William Shakespeare

A nuestro cerebro le da lo mismo vivir una situación que imaginarla. Provee la misma cantidad de recursos en ambas instancias y lo guarda en su memoria como hechos reales, ciertos. Como se mide por resultados, la tendencia a formular expectativas es alta.

Expectativa será entonces, todo aquello que se espera y que tiene base en el futuro, nunca en el presente. Las personas les dan manejo a las expectativas de manera siempre diferente. Algunas, se ponen muy ansiosas y centran toda su atención en todo lo que está por venir, de tal manera que, si no viene, la posibilidad de frustración es mayor. Otras más inteligentes, en cambio, solo viven en el aquí y el ahora y no centran su atención en lo que está por venir sino en lo que está sucediendo. Los resultados para ambos bandos son determinantemente diferentes.

En mayor o menor escala, al no cumplirse una expectativa, la primera sensación que llega de manera inconsciente es la relacionada con la frustración. Nos frustramos porque algo no salió como esperábamos o alguien se comportó de una manera diferente a la esperada.

Nos pasamos buena parte de nuestra vida esperando a que los demás hagan para así tener la “excusa” de también hacer. “Si tú haces yo hago”, sería el planteamiento del juego. Por la razón que sea, buena parte de las personas, estén en la situación que estén, esperan más allá de tomar iniciativa de acción: esperan a que las llamen, a que las visiten, a que las saluden, a que el cliente aparezca para comprarles, a que la enfermedad pase, a que el jefe se enfurezca para hacer la tarea. En otras palabras, esperan a que las cosas lleguen en lugar de ir por ellas.

En la adolescencia una vez mi madre me encontró encima del sofá sin hacer nada.  Me dijo: –¿Qué está haciendo? Y respondí: –Esperando a que sean las 4 para… –¡Pues se quedará esperando porque ya son las 5! Esa frase tiene sapiencia pura: Las personas que esperan a que pase algo, se quedarán esperando.

Sea el contexto de relacionamiento que sea el que esté enfrentando, JAMÁS se quede esperando a que su contraparte cumpla con la acción que prometió. Mientras eso sucede, haga algo que le permita llegar al siguiente nivel con esa persona y en esa situación. Los beneficios saltan a la vista: primero, disminuye su expectativa frente al evento y segundo, hará que las cosas pasen. Erradique de inmediato la excusa que tiene asidero en: “es que como tú no… entonces yo tampoco”.

Así como Pambelé, aquel legendario campeón mundial de boxeo, colombiano decía: “Es mejor ser rico que pobre”, usted tendrá mayor probabilidad de resultados al hacer en lugar de esperar.